Hace mucho, mucho
tiempo, en los confines de los bosques y de las montañas, nació la
Fuerza para luchar contra el Mal. Cuando la Fuerza se iba a la batalla
final, llegó la noticia de que el Mal contrajo una enfermedad y había
muerto.
Que asombroso fue
el que la Fuerza en vez de alegrarse, huyera.
La pobre Fuerza,
nacida para luchar contra el Mal no podía vivir en paz. Errando por los
campos y bosques buscaba un nuevo Mal para poderle combatir.
No habría en ello
nada dramático a no ser por un pequeño detalle. Vagando sin meta alguna,
nuestra Fuerza perdió la razón y no conseguía distinguir el Mal del
Bien. Y está batallando a ciegas y siembra la destrucción.
Llegará un día en
que se dará cuenta? Quién puede saberlo?